¿Un lunes cualquiera?

¿Vas a vivir toda la vida encadenada a ese cúmulo de sueños perseguidos durante años que jamás van a cumplirse?

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¿Vas a seguir luchando contra todo? Pero sobre todo, ¿vas a seguir luchando contra ti mismo?

 

Créeme si te digo que quizás no valga la pena, aunque nunca te lo hayas planteado y me tomes por alguien que se mete dónde no le llaman. Pero desde este momento te digo que hay veces en la que no merece la pena nada de eso. Esas tardes interminables en el sofá de casa realizando una introspección que no llevan más allá de la desesperación. Esas noches asaltadas por el insomnio, por las ganas infatigables de huir. Muchas veces, querido amigo, es conveniente pisar el freno y reducir la marcha para ver si nuestra mente va demasiado rápido o somos nosotros los que vamos demasiado lentos. Es importante comprobar si nuestro ángulo de visión es lo suficientemente amplio como para saber qué es lo que queremos. A veces hay que dar un paso atrás, no para retroceder, sino para coger impulso y saltar esa piedra en la que tantas veces has tropezado y tantos quebraderos de cabeza te ha dado. Hay que mirar y pedir perdón al cielo por todos días de sol nos hemos perdido sin motivo, por todas las tardes de café y césped que has desperdiciado. Y luego a la luna, por haber faltado tantas noches por motivos injustificados, por haber llorado y no haber sido capaz de sonreír. Y una vez llegados a este punto, un lunes cualquiera, como es hoy, a las 20:38 p.m. te das cuenta de que todo eso no merece la pena. Y algo cambia. Se para el tiempo y retrocedes mentalmente. Revives, recuerdas, sientes. Y entiendes que es así justamente, como has vivido hasta ahora, como no quieres vivir. Miras por el retrovisor y te ríes de ese camino que dejas atrás. Y entiendes, además, que quizás hoy no sea un lunes cualquiera. Que no hace falta que llegue el año nuevo para una vida nueva. Descubres que cualquier día es bueno para empezar a ser feliz y a vivir como tú te mereces. Cualquier día es bueno para recuperar las tardes de café, las noches frustradas. Cualquier día es bueno para saltar la piedra y reírte de ese tramo en el que mil veces caíste como una niña y hoy, un lunes cualquiera, te has levantado como una mujer.

                                                   

Cualquier día es bueno para ponerse las gafas de sol, pisar el acelerador, meter la marcha y perderse entre el camino y la música ensordecedora.

 

¡Feliz lunes!

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