Da la sensación de que este blog está abandonado. Puede que todos lo hayáis sentido así. Pero tengo que confesar que incluso yo misma he tenido esa sensación. Yo, la que mueve y ha movido durante años las cuerdas de este mundo. Un mundo paralelo a una realidad impredecible, pero un mundo del que no me puedo desprender; Algo que se siente. Porque se siente, pero de verdad. Cada palabra de la que me desprendo en este blog tiene una gran carga connotativa que conlleva, a parte de su significado habitual, una gran carga emocional que define sentimientos reales.
Y como decía antes, yo también he sentido que esta realidad dotada de ficción, la que yo misma he creado, se ha visto frenada y reprimida. Aunque parezca raro, yo pasaba por aquí con la esperanza de encontrar algo nuevo. Cuatro palabras que pudieran llenar esta cabeza repleta de ideas, pero totalmente nula a la hora de reflejarlas. Esperaba encontrar algo novedoso que me sirviera de colchón para los problemas. Censuré mis palabras, que no eran pocas, y no me arrepiento. Me cerré a cal y canto a cualquier nueva opción o nuevo camino. Y sé que es absurdo lo que digo. Porque siendo yo misma la que debería ordenar las palabras para publicarlas aquí, ¿en qué cabeza cabe que buscara algo nuevo? Yo tampoco lo entiendo. Aunque si de algo estoy segura es de que no ha sido por dejadez, falta de ganas o cualquier otra idea alternativa que se os pase por la cabeza. Porque como digo yo, siempre hay un motivo para todo. Y quizás esta ausencia esté más justificada que ninguna otra, pero nadie lo sabe.
Y con todo esto no sé si este blog recobra su vida o si le estoy apagando la luz y se la estoy quitando directamente.
Sólo sé el motivo por el que estoy aquí, y es porque mañana es 28 de octubre y no puedo olvidar lo que eso significa. Y como cada año, desde hace diecisiete, es un día especial. Para mí lo es desde hace cuatro, sólo cuatro. Pero probablemente los cuatro años más intensos de mi vida. Y quien lo tiene que saber, sabe por qué y por quién estoy hoy aquí. Y estoy por ella. Por la que me ha regalado instantes y eternidades contenidas en momentos que jamás perecerán. Por la que ha puesto un poco de cordura a mi vida, pero me ha dejado soñar. Porque ha soñado conmigo y lo hemos compartido todo. Futuros que se han truncado en algún punto, pero que no dejaron de hacernos felices mientras los imaginábamos. Y sólo nosotras sabemos de qué va eso. Pero vaya de lo que vaya, la conclusión es que le estoy infinitamente agradecida. Por todo y por nada. Porque en realidad no sé en qué punto estamos, pero sea el que sea, te digo que te deseo lo mejor. Que seas feliz, increíblemente feliz. Que te dejes hacer feliz, pero no seas inocente. Que te lo he dicho mil veces. Déjate guiar por los que te quieren, huye de los que te calumnian. Vuela, pero no olvides de dónde vienes. Conoce gente, pero recuerda a los de verdad. Da lecciones, pero no dejes de aprender. Sueña con el cielo, pero mantén los pies en la tierra.
Sé que no soy quien para darte consejos, pero como te he dicho siempre, desde que te conocí he tenido la sensación de tener que protegerte, guiarte y cuidarte. Y sólo intento hacerlo una vez más. Porque te deseo una felicidad infinita, conmigo o sin mí, pero infinita.
Te deseo un feliz día cumpleaños y unos felicísimos diecisiete. Que el día que vives hoy, sólo sea la antesala a la felicidad plena y eterna.
Suena: She is. (Y no suena por casualidad, porque ella es, y para mí siempre será.)
