De camino a casa es cuando le surgieron todas esas preguntas, esas que no se haría en ningún otro momento, sólo de camino a casa. Ese tipo de preguntas que toda mujer se ha hecho alguna vez.
En su pensamiento sólo había preguntas que ella creía retóricas, y que nadie le contestaría jamás.
“… ¿De qué sirvo? ¿Por qué estoy aquí si no soy más que un ser inútil? ¿A quién le importo?…”
Tenía problemas y en vez de solucionarlos prefería dedicarse a buscar más. Prefería meterse las manos en los bolsillos y agachar la cabeza, cruzando las calles más largas de su ciudad. ¿De verdad que no quería encontrar solución a sus problemas después de todo lo que había luchado? No me lo creo, lo siento pero no me lo creo. Sé que ella necesita que alguien le responda a todas esas preguntas que formula una y otra vez.
Cuando me crucé con ella la detuve, le miré fijamente y le dije:
“Sirves, pero todavía no lo has descubierto. Déjate llevar y haz caso a quién te intenta guiar. Utiliza todo lo que tienes para progresar y no te rindas. Importas, claro que importas, y mucho. Importas tanto, que por eso he venido aquí, para decirte que eres importante, aunque a su vez seas muy pequeña para el mundo. Que eres una de esas mujeres que hoy, cuando llegue a su casa, va a seguir luchando para seguir a delante. Una de esas mujeres de las que yo me siento muy orgullosa, de las que el mundo entero se siento orgulloso.”
Ella sonrio y continuó con su camino a casa.